El diablo y Las Pavas

Publicado en El Espectador

Por: Oscar Guardiola-Rivera

Dicen que el mejor de los tru-cos conjurados por el diablo es habernos convencido de su inexistencia.

De acuerdo con una fiscal cuyo nombre no pronunciaré, como sucede con el maléfico personaje de las novelas de J.K. Rowling, debemos creer que en Colombia no existen los paramilitares y que jamás tuvieron lugar el desplazamiento y la desposesión de campesinos con fines de lucro privado en el sur de Bolívar.

Por arte de magia se busca afectar la realidad, convirtiendo a las víctimas en victimarios, a los defensores de la vía democrática para los conflictos en sus detractores, y a la Compañía de Jesús —y por extensión la Iglesia Católica de la cual ésta hace parte y, por consiguiente, también a la mayoría de colombianos que somos católicos—, pero también a la Procuraduría, el Incoder, la Clínica Jurídica de la Javeriana, el Plan de Desarrollo del Magdalena Medio, la Corte Constitucional, el Ejecutivo y hasta al Gobierno de Su Majestad Británica, en defraudadores o defraudados.

Para quienes creemos que existe el mal, no una entidad metafísica sino la consecuencia radical de los actos humanos que siembran desesperanza, es claro que quienes andan haciendo diabluras con casos como el de Las Pavas buscan torpedear las iniciativas más liberales del presidente Santos.

A ellos se refirió el presidente la semana pasada. Son quienes piden la cabeza de conservadores sensatos como Juan Camilo Restrepo y Juan Manuel Ospina, quienes atacan la política exterior del Estado y provocan las declaraciones ligeras de ciertos funcionarios para azuzar los ánimos. ¿Con qué fin? Recuperar el poder perdido en las urnas y los tribunales, desprestigiar al movimiento social y volver al clima de irracionalidad del cual se benefician.

Se trata de un ataque contra la razón y la ley, como lo muestra el hecho de que en manos de la funcionaria el término “intelectual” aplicado por ella a nadie menos que el Provincial de los Jesuitas, quien dicho sea de paso no carece de enemigos entre la ultraderecha criolla, se convierte en sinónimo de terrorista. O el de dar crédito a la declaración extrajudicial de un testigo cuestionable sin escuchar siquiera las de los demás campesinos afectados.

En este caso hay que rodear al presidente Santos, quien está siendo presionado para abandonar el proceso de restitución a las víctimas y que luego se culpe de ello a éstas y a quienes las acompañan. Hay que encomiar la labor cumplida por Francisco de Roux y Roberto Vidal, entre otros. Y admirar el coraje de los Restrepo y Ospina pidiendo al Ejecutivo no ceder a la tentación de entregar la cabeza de estos conservadores ilustrados a la caverna.

Sobre todo, proteger la esperanza y confianza que aún puedan tener los campesinos de Las Pavas en las instituciones jurídicas. Hay que exorcizar al diablo que por allí anda suelto.

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Por el retorno a la tierra con economía campesina y soberanía alimentaria
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