El milagro de regresar a sus tierras

La madrugada del 4 de abril, 80 labradores empezaron el camino de vuelta a sus tierras, en la región colombiana de Bolívar, de donde han sido desplazados forzosamente por los paramilitares tres veces en los últimos años.

Les acompañamos, cargados con sus semillas, en su reconquista.

13.04.2011 · periodismohumano · María Libertad Márquez · : Diego Hernández Guzmán · (Las Pavas, Colombia)

(Diego Hernández Guzmán)

Fueron cerca de 80 labradores, la avanzada de la Asociación Campesina de Buenos Aires, ASOCAB, los que el pasado 4 de abril de 2011, a las 5 de la mañana, iniciaron la marcha para recuperar la hacienda Las Pavas, en la calurosa y atormentada región sur del departamento de Bolívar,  en el centro de Colombia.

Además de la piel curtida por el sol, las manos callosas por haber vivido siempre de la tierra, y una sonrisa fácil que sobrevive a pesar de los constantes ataques de terratenientes, políticos y grupos armados -legales e ilegales-, estos hombres y mujeres tienen algo más en común: en sólo seis años, han sido desplazados tres veces por la violencia.

La Pavas, con 1.200 hectáreas, hoy día propiedad de Aportes Tequendama y CI San Isidro, es solamente una muestra de la contra reforma agraria de facto, ejecutada durante los últimos 25 años por paramilitares y narcotraficantes, que les significó apropiarse de aproximadamente 6 millones de hectáreas de la mejores tierras del país. Como suele suceder con buena parte de los proyectos productivos impulsados por la extrema derecha en el campo colombiano, la hacienda fue sembrada con palma africana para la producción aceite destinado a los mercados internacionales.

(M. L. M.)

Vale la pena señalar que tanto Aportes Tequendama como CI San Isidro, están siendo investigadas por la Fiscalía General de la Nación, por uno de los casos de presunta corrupción más sonados durante los 8 años de gobierno del Presidente Álvaro Uribe, el escándalo de Agro Ingreso Seguro. Según ha trascendido, el Ministro de Agricultura del momento, Andrés Felipe Arias, conocido como “Uribito”, repartió un  poco más de 31 millones de euros, entre terratenientes, familias pudientes y hasta reinas, la mayor parte donantes de la campaña de reelección de Uribe, de un programa destinado a “promover la productividad y competitividad, reducir la desigualdad en el campo (…)”.

Pocas horas antes del retorno a sus tierras, el 3 de abril, sólo interrumpidos por el sonido de los insectos del trópico que le cantan a la noche,  líderes de ASOCAB se reunieron con acompañantes nacionales e internacionales, representantes de las organizaciones minero-campesinas de la región y los coordinadores de la combativa Guardia Indígena del norte del Cauca, para ultimar detalles del plan de acción. Era crucial determinar la hora cero de la movilización que abriría las puertas del futuro a aproximadamente 123 familias desarraigas por la codicia.

Todo comenzó durante la madrugada, en un camino largo y suave, donde la luz cómplice del amanecer iluminaba el recorrido que une al caserío de Buenos Aires con las Pavas. A medida que la procesión avanzaba, la tensión aumentaba en silencio, y alimentaba los temores colectivos frente a una eventual reacción violenta de los policías apostados en la mayoral de la hacienda.

(M. L. M.)

Ante la mirada atónita de uniformados y jornaleros, luego de pasar el límite de la hacienda, los campesinos se pusieron a colgar sus hamacas de colores, prendieron el fogón comunitario y elevaron la bandera del retorno a la tierra prometida. Como único argumento, cargaban la certeza de ser los verdaderos propietarios de la tierra, junto a las semillas de yuca, zapallo y plátano que hoy día echan raíces anunciando una vida con dignidad.

Como único argumento, cargaban la certeza de ser los verdaderos propietarios de la tierra, junto a las semillas

Las Pavas, los desplazamientos, los retornos

La hacienda Las Pavas fue propiedad de la familia del sanguinario narcotraficante Pablo Escobar, jefe máximo del llamado Cartel de Medellín quien, con sus huestes de sicarios, azotara la geografía colombiana durante los años 80 y comienzos de los 90, mediante secuestros, la explosión de poderosos coches bomba y crímenes selectivos, entre ellos, tres candidatos a la presidencia de la República. Gracias su ilimitada fortuna, llego a ser congresista y no pocos funcionarios públicos, y oficiales tanto de la policía como del ejército, hicieron parte de su nómina criminal.

(D. H. G.)

(M. L. M. )

Tras su muerte, cuando intentaba huir por el techo de una casa en Medellín, en 1993, la hacienda quedó baldía. Entonces fue ocupada por la comunidad campesina de ASOCAB, hasta el 2003, cuando grupos paramilitares obligaron, mediante la fuerza de las armas, al desplazamiento de los campesinos hacia el caserío de Buenos Aires, municipio de El Peñón, zona sur del departamento de Bolívar.

Luego, en el año 2005, la comunidad emprendió su primer retorno y se instaló en el territorio para explotarlo con sembradíos de cacao, roble y plátano. Un año más tarde, la Asociación solicitó al Instituto Colombiano de Desarrollo Rural, INCODER,  la titulación de los terrenos baldíos, que por cierto, fueron considerados aptos para este trámite legal.

Sin embargo, ese mismo año, se presentó en la hacienda Jesús Emilio Escobar Fernández, para negociar las tierras con quienes la trabajaban. Los campesinos no pudieron pagar la altísima suma que el familiar del narcotraficante exigía y, poco después, civiles armados quemaron los cultivos y atropellaron a la comunidad para forzarla a desplazarse de nuevo.

(M. L. M.)

Así las cosas y con la comunidad fuera de los predios de Las Pavas, durante el año 2007, Escobar Fernández vendió la hacienda a las empresas Aportes San Isidro y CI Tequendama, que, inmediatamente, iniciaron la siembra de palma africana.

A finales del 2008, la hacienda quedó nuevamente improductiva, como consecuencia de la creciente del Magdalena, el más largo y caudaloso de los ríos colombianos. Entonces, con la terquedad de quienes valoran a la tierra como la vida misma, porque al fin y al cabo la madre tierra es su vida, los campesinos decidieron retornar a su tierra prometida, por segunda vez.  Y por segunda vez, el 15 de enero de 2009, construyeron sus casas de maderas y las rodearon de cultivos de pan coger, como única protección, así como lo han hecho por generaciones.

Pero sólo 6 meses después, el 14 de julio, la comunidad fue nuevamente desalojada. Esta vez, los golpes e improperios, fueron apoyados por los bolillos y las granadas de gas de escuadrones antidisturbios de la Policía Nacional, ESMAD, y sujetos encapuchadas. Por tercera vez fueron obligados a dejar sus predios, bajo la presión de la fuerza arbitraria y las columnas de humo de los incendios elevándose hacia cielo, donde se disolvían los sueños cosechados bajo la sombra de sus ranchos y el trabajo invertido en los cultivos que alimentaron a sus hijos.

Sin embargo y a pesar de las amenazas y de los peligros que se ciernen sobre sus cabezas, el pasado lunes 4 de abril iniciaron el tercer retorno,  animados por el natural derecho a esos predios y la protección que la ley tiene prevista para estos casos, tal como lo expresara Don Efraín, historiador de la comunidad: “Aquí estamos, donde retornamos, porque tenemos entendido que es lógico, que es legal; porque de Las Pavas fuimos desplazados y la ley dice que los desplazados deben retornar a las tierras de donde fueron expulsados”.

(M. L. M.)

Lo que está en juego

El caso de la comunidad de ASOCAB, es un ejemplo que refleja la situación que padecen los más de 3 millones de desplazados internos que sobreviven en Colombia. Del final de esta larga historia de sufrimiento campesino,  dependerán la credibilidad y factibilidad de la política de restitución de tierras a víctimas de la violencia, por el gobierno del Presidente Juan Manuel Santos.

La comunidad ha sido desplazada tres veces en seis años por los principales factores de violencia que cuestionan la misma existencia de la democracia en Colombia: el narcotráfico, el paramilitarismo y el propio Estado acompañado de civiles armados que ocultaban su identidad bajo capuchas… El proceso jurídico de adjudicación de baldíos iniciado por la comunidad ante el INCODER, hace 5 años, aún no tiene una respuesta efectiva por parte de la autoridades.

Para la mayoría de colombianos, es claro que el desplazamiento forzado de esta comunidad de labriegos, ha significado la vulneración de sus derechos fundamentales al trabajo, la alimentación y la vida digna. Por otra parte, han sido gravemente lesionados sus tejidos culturales y su relación ancestral con el territorio. Además, las tierras utilizadas para el cultivo de palma africana son incompatibles con cualquier otra producción agraria, incluida la siembra de alimentos.

La zona donde está ubicada Las Pavas, es rica en agua y en biodiversidad, pero está siendo utilizada por empresarios de aceite de palma, a quienes nada importa el perverso efecto ambiental sobra la tierra, producto de los muros de contención que construyen para cambiar el rumbo de ríos y caños. Nada dicen ni nada sobre el efecto de los agentes contaminantes utilizados en la siembra de palma y la producción del aceite.

Tras el último retorno, esta comunidad ha dejando planteado tres escenarios posibles que el gobierno colombiano deberá resolver con prontitud: la adjudicación definitiva de las tierras a sus legítimos dueños, lo cual marcaría un éxito en la política agraria del gubernamental; un nuevo desplazamiento violento, aunque es poco probable en virtud del amplio acompañamiento y el alto perfil nacional e internacional conseguidos por el proceso; finalmente, la oferta de adjudicación de terrenos baldíos distintos a Las Pavas, con lo que la comunidad sufriría un cuarto y definitivo desarraigo, y la política agraria mostraría tener un límite objetivo en los intereses económicos de los dueños de la tierra despojada.

En estos momentos, con la natural tensión que significa recuperar su tierra en un entorno hostil, la comunidad está a la espera de una respuesta definitiva por parte del Estado. Entre tanto, hombres y mujeres campesinos, los verdaderos propietarios de la hacienda, construyen sus casas por tercera vez y, sin la ayuda de maquinaria industrial, hacen los surcos para plantar las nuevas semillas que han traído de todo los rincones del país, cuando la diáspora producida por los intolerantes, los convirtió en una cifra más de la triste historia del desplazamiento forzado en Colombia.

El fundador del Movimiento de Víctimas de Crímenes de Estado, y en la actualidad, parlamentario, Iván Cepeda, con los labradores (M. L. M.)

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Acerca de retornoalaspavas

Por el retorno a la tierra con economía campesina y soberanía alimentaria
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